LAS POSIBILIDADES DEL DIAFRAGMA

Dentro de la práctica de la fotografía, varios son los factores que interfieren en la realización de una buena toma. Desde los externos como el modelo a fotografiar o la espectacularidad de la puesta de sol a internos como la calidad de la cámara fotográfica que hemos adquirido o las herramientas de trabajo de las que dispone la misma, como ocurre con el diafragma y todas sus diferentes acciones, como es la apertura de diafragma.

Para quien aún no sepa de qué se trata, el diafragma no es otra cosa que el dispositivo que regula la cantidad de luz (o no) que aporta el objetivo a la toma de la instantánea. Esta capacidad de ofrecer una mayor o menor luminosidad en cada toma es posible gracias a los frecuentes adelantos que han ido inventándose y creándose a partir de la primera cámara fotográfica que se creó.

El diafragma, habitualmente, es un disco que en condiciones atiende a un sistema de aletas modificables y movibles que se colocar en el objetivo de la cámara. De esta forma, a priori tan sencillo, se consigue hacer un filtrado de la luz que penetra en el medio fotosensible de la misma cámara. Al ser ajustable, resulta de gran ayuda para todo tipo de fotografías.

LA CIENCIA ÓPTICA EN EL MUNDO ARTÍSTICO

La fotografía se encuentra altamente relacionada con el mundo de la ciencia óptica, igual que ocurre con otras disciplinas artísticas como, por ejemplo, la pintura. A finales del siglo XIX, un grupo emergente aparecido a la par del grupo de los impresionistas vislumbró el futuro de la pintura desde una perspectiva óptica. A este movimiento se le llamó, posteriormente, puntillista, debido al juego y paleta de colores que efectuaba sobre sus lienzos: unas motas ejecutadas con la punta del pincel como si del abanico óptico vislumbrado desde el ojo se tratase. Las pinturas de Seurat, sin duda, son las más conocidas, unos paisajes bucólicos y urbanos en los que juegaba con la luz a través de estas motas.

También en la pintura apareció varias décadas más tarde el conocido como op art, un tipo de arte óptico (como bien indica su nombre) en el que se juegaba con las ilusiones ópticas que ciertas figuras geométricas lograban a través de su repetición y superposición en diferentes planos y profundidades. En ese caso, la presencia de la luz (o la falta de misma) apenas jugaba un papel importante respecto a la presencia de figuras imposibles.